Egaeus, erudito enfermizo y recluido, convive con su prima Berenice, cuya súbita enfermedad la marchita hasta lo espectral. Él desarrolla una monomanía por sus dientes, perfectos e inmutables ante la decadencia. Tras un trance, despierta con barro en la ropa y un estuche de instrumentos… la tumba ha sido profanada; dentro, treinta y dos piezas blancas, perfectas.