BONSAURIO
El último dragón
by Manuel Arroyo Durán
read by Manuel Arroyo Durán
Part 1 of the Los cuentos del abuelo Manolo series
Bonsaurio, el viejo dragón de 8 cabezas, se ha despertado en el reino de Ambrátida, un lugar gobernado por un rey déspota y despiadado y una princesa llena de caprichos que suponen continuos sacrificios para las pobres familias de campesinos que trabajan de sol a sol sin descanso. Y, como ocurre en todos los cuentos, la princesa debe ser secuestrada por el temible dragón y después liberada por un caballero que se convertirá en su esposo y príncipe heredero del reino de Ambrátido IX. Pero Bonsaurio, en lugar de a la princesa ha secuestrado a una campesina y ha cambiado el hilo de la historia.
El maniquí
by Manuel Arroyo Durán
read by Manuel Arroyo Durán, Ágata Arroyo García
Part 3 of the Los cuentos del abuelo Manolo series
Román es un pescador almeriense que recuerda los días en que Peluso le guiaba para encontrar los bancos de peces o librarle de las peores tormentas. Pero Peluso hace años que desapareció de las costas de Almería como ha sucedido con todas las focas monje que vivían libremente en el Mediterráneo, un mar contaminado por la polución y la sobrexplotación de un turismo desordenado y agresivo con el medio ambiente.
Please note: This audiobook is in Spanish.
Peluso
La última foca monje
by Manuel Arroyo Durán
read by Manuel Arroyo Durán
Part 4 of the Los cuentos del abuelo Manolo series
Román es un pescador almeriense que recuerda los días en que Peluso le guiaba para encontrar los bancos de peces o librarle de las peores tormentas. Pero Peluso hace años que desapareció de las costas de Almería como ha sucedido con todas las focas monje que vivían libremente en el Mediterráneo, un mar contaminado por la polución y la sobrexplotación de un turismo desordenado y agresivo con el medio ambiente.
El Señor de Las Tormentas
by Manuel Arroyo Durán
read by Manuel Arroyo Durán
Part 5 of the Los cuentos del abuelo Manolo series
Cuando la foca Peluso aún se paseaba por los acantilados del Cabo de Gata, la Isleta del Moro era entonces un lugar paradisíaco de los que quedaban ya pocos en estas costas saturadas de grandes edificios, de explotaciones agrícolas plastificadas y blanquecinos "guiris" que todo lo pueblan con sus mochilas de nylón y su bronceador del 60 flotando sobre las tranquilas aguas de este pequeño Mediterráneo que aún no habían matado del todo.
Contar la bella historia de este oasis consumiría toda la tinta del cuento y no quedaría una sola gota para el viejo Antonio, "el señor de las tormentas", como le bautizara medio en broma y medio en serio su compadre Tomás.
Sucedió todo en el crudo invierno de los comienzos de los sesenta, exactamente 1 año antes de que a los americanos se les cayeran 2 bombas atómicas no muy lejos de aquí. Pero, ¿cómo alguien puede dejar caer sin querer 2 bombas atómicas?, se preguntan aún los pocos vecinos del pueblo de Palomares.
El Mensajero Del Rey Baltasar
Un cuento de Navidad
by Manuel Arroyo Durán
read by Manuel Arroyo Durán, Pilar Solis Gómez
Part 6 of the Los cuentos del abuelo Manolo series
Le gustaba que los niños le llamaran Baltasar y se sentaran sobre sus rodillas, aunque solo era su enviado. Algunos lloraban, pero solo impresionados por estar ante un rey. Los más se sentían felices a su lado e incluso besaban su mejilla sin importarles el color de su piel.
Llevaba sentado desde primeras horas de la mañana en aquel trono de papeles de oro y plata, adornado con guirnaldas y había recibido la adoración de cientos de niños a los que daba caramelos y les prometía hacer realidad sus deseos.
Tuvo suerte de estar justo en el lugar adecuado y en el momento preciso. La única vez de su vida seguramente.
Eloisa y él habían comenzado a extender sobre el suelo una manta para exponer su artesanía, cuando se le acercó un señor muy bien vestido y algo nervioso. Les había fallado su negro de mentirijilla para hacer de enviado del rey Baltasar y él, todo un negro de verdad, podía reemplazarle. Le prometieron 100.000 pesetas por solo una semana de trabajo. "¡Un sueño!", gritaron entonces los dos.
Lo único que no soportaba era los interminables flashes del fotógrafo. Tenía los ojos tan deslumbrados que los niños comenzaban a parecerle angelitos rodeados de una aureola de luz.
"Ten cuidado que no te deslumbre la púrpura de tu reino y termines por olvidarte de tu familia", le había dicho en broma Eloisa cuando le vió con aquella túnica dorada, su capa roja bordada de hilos de oro y lentejuelas y la corona de plata ceñida sobre su cabeza.
El Pordiosero
by Manuel Arroyo Durán
read by Manuel Arroyo Durán
Part 7 of the Los cuentos del abuelo Manolo series
Pues señor, érase una vez un hombre miserable y pordiosero que vivía debajo del puente -todos nos mirábamos sabiendo que se refería a Jonás, el loco que vivía bajo las vías del tren y, cada noche, salía de su refugio con una linterna recorriendo las calles del barrio y susurrando continuamente: "¿Donde te has metido "cara de sapo"?. Vuelve y devuélveme mi tesoro".
Los niños le perseguían, ocultándose en la oscuridad, y le contestaban haciéndole creer que el tal "cara de sapo" era el que hablaba.
- ¡Antes debes hacer el pino y tirarte un peo!-gritaban todos.
El hombre, que no era precisamente tonto y tenía un genio de mucho cuidado, comenzaba a blasfemar y a amenazarles con meterlos en el saco que colgaba sobre sus hombros. Pero, todos se lo tomaban a broma e incluso algunos se sobrepasaban y le tiraban piedras y salibazos.
Una noche, harto de aguantar la persecución de los niños y después de haber recibido una pedrada en la cabeza que le hizo sangrar abundantemente, cogió al más pequeño de todos, lo metió en el saco y salió huyendo en la oscuridad hasta desaparecer.
Todos corrieron enseguida a la casa del pequeño, asustados, a contarle a sus padres lo que había ocurrido y, a los pocos minutos, la mayoría de los hombres del barrio corría tras las huellas de aquel loco secuestrador de niños. Iban todos armados hasta los dientes con todo tipo de herramientas, utensilios de cocina e incluso una pistola oxidada que llevaba el sacristán que encontrara el párroco en cierta ocasión depositada en una limosnera de la parroquia -pero esa es otra historia. Sigamos con la nuestra: así que, llegados a la misma boca del puente, bajo los raíles del tren, empezaron a rodear el lugar hasta no dejar hueco por donde pudiera escaparse.
El Milagro de San Apaponio
by Manuel Arroyo Durán
read by Manuel Arroyo Durán
Part 8 of the Los cuentos del abuelo Manolo series
¿Recordáis la pistola que llevaba el cura en el cuento de El Pordiosero? Ahora os hablaré de ella aunque, antes me gustaría situaros un poco. Ya os dije que el barrio es como un pequeños pueblo, aislado del resto de la ciudad debido al trazado de las vías del tren y del cauce de un pequeño arroyo que solía dar grandes sustos porque se desbordaba y lo hacía casi todos los inviernos. Y precisamente fue durante uno de esos días crudos de invierno cuando casi nadie se apercibió de la llegada al barrio de un forastero que conducía uno de esos coches que llaman la atención vayas a donde vayas. Pero casi todos los vecinos estaban ocupados colocando todo tipo de obstáculos para evitar que la riada que llegaría esa noche volviera a inundar sus casas y estropear de nuevo todos sus enseres. De no ser por esta razón, seguro que todos se habrían asomado a curiosear. El forastero llegó a eso de las 7 de la tarde, si hubiera tardado unos minutos se habría visto obligado a parar durante media hora hasta que pasara el mercancías de la tarde procedente de Utrera cargado de toneladas de remolacha para la azucarera de Tocina. Atravesó en silencio la avenida de Los Teatinos y se detuvo en una de las bocacalles cerca de la Iglesia. Todo estaba en silencio y ni siquiera el cura estaba aquella cruda tarde en su sitio.
Rosalinda y la Cueva de Bonsaurio
by Manuel Arroyo Durán
read by Manuel Arroyo Durán, Ágata Arroyo García, Durán, Sara Arroyo García
Part of the Los cuentos del abuelo Manolo series
¡Pobre Rosalinda!, solo los niños que leyeron el cuento de "Bonsaurio. El último dragón" se acordaron de ella. Sus padres, sus vecinos, sus amigos, nadie en el pueblo la echaba de menos y hasta el propio dragón parecía haberse olvidado completamente de su suerte. Ni siquiera el autor de esta historia tuvo el menor gesto de liberarla de su encierro en la cueva de Bonsaurio, dejándola allí para el resto de su vida.
Pero toda historia tiene siempre una segunda parte, de lo contrario los cuentos dejarían de tener un final feliz y los niños vivirían tristes y sin ilusión. Además, ¿acaso Bonsaurio no era un buen dragón?, ¿cómo podría olvidar a la pobre campesina?.
¡Claro que no!.